¿Quién lo ha soñado? O el consejo de la oruga.

En Julio tengo una boda y necesito elegir mi vestido, quiero algo no tan caro, corto y veraniego, que sea un pelín retro y a la vez un pelín moderno. Sabes como,¿no? Pues eso, lo bueno es que ya tengo el tocado y los zapatos ¡ya es algo! La primera tienda que entré estaba en Malasaña, muy cool, la dependienta de pronto me preguntó: ¿Cual es la ocasión? Y le conté que sería una boda por la tarde, y empezó a buscarme opciones, era muy maja. En seguida entablamos una larga conversación. Me contó que su hermana se casó el pasado año, en una bellísima boda en el campo, muy al estilo sevillano, mucha comida, 200 invitados, orquestra y una banda de pop rock… pero ya está separada ¡la pareja duró sólo 9 meses! Nos partimos de risa, con unas carcajadas irónicas, pero por dentro pensé: ¿Que sentido tiene esto? Gastarse una pasta, hacerse toda la ilusión de vestido, ceremonia, familia, amigas, en fin, todo un follón de compromisos sociales. Pues si haces tanta fiesta es porque estás segura de tu elección, es porque quiere decirles a todos: “mira, elegí esta pareja y con ella  quiero tener una familia y ser feliz”, y al final, todo un error compartido. Después de tanto reír, me puse en el lugar de esta chica, imagínate tener que contar que su cuento de hadas se destrozó por eso y eso, y que tu plan de vida, tu sueño se ha roto, fatal.

Parece que la única elección que tenemos para ser felices como mujeres es casarnos, tener hijos y luego morir contentas con una enorme y bonita familia. No creo que sea una mala idea,  pero no pienso que sea una obligación, sé de mujeres que tienen otros planes y son felices así. Es duro para una mujer no pensar en este tema, no imaginarse metida en un vestido blanco, ya que pasamos toda nuestra infancia jugando con muñecas, viendo pelis de Disney que siempre terminaban con la llegada del príncipe que pide la mano de la damisela y luego el “fueron felices y comieron perdices”, todo un clásico. La verdad es que este universo de los cuentos infantiles sirve para “educar” a los niños, enseñarles como deben de ser, los papeles que cada uno tiene en la vida, pero lo único que uno puede ganarse con esto son traumas y frustraciones.

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El argumento de la película Alicia en el País de las Maravillas, de Tim Burton, empieza justo en este momento, el del encuentro con el príncipe, el instante que muchas tienen como su mayor sueño. La adolescente Alicia tiene sus dudas respecto al matrimonio, asustada y contrariando las reglas,  huye persiguiendo al conejo blanco que la lleva al País de las Maravillas.  Este país es el sitio de sus sueños más secretos, donde se enfrentó a la malvada Reina Roja y luchó por su libertad, ya que no hubo ningún príncipe para salvarla. En este país se encontró a si misma y pudo estar segura de su respuesta al matrimonio: un firme no. Lo raro es que en este mundo fantasioso y exagerado, donde todo es supuestamente mentira, es donde la verdad aparece, este sería el verdadero cuento, el que cuenta la verdad a través de la mentira. Decía Simone de Beauvoir, en su libro “El segundo Sexo”, que las mujeres tienen que hacerse un “esfuerzo de lucidez”. Este esfuerzo sería más que luchar por sus derechos como mujer, luchar por su propia libertad. Identificar lo que, en las diferentes circunstancias, lleva a creer en la inferioridad de la mujer y los efectos que la interiorización de esta creencia forja en sus elecciones vitales (sea la de contraer matrimonio o la de abandonar una carrera antes emprendida), podría ayudarla a encontrar su verdad placentera. Si la mujer tuviera  claramente definidos sus propios objetivos, quizás se focalizaría menos en el hombre (sic).

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Broche Laliblue

¿Cuántas veces he soñado yo en disminuir de tamaño, o al revés, estar enorme para que el mundo me vea? ¿Cuántas veces he querido cambiarme de una 38 a una 36? Creo que todas las mujeres, algún día, han sufrido con esas cuestiones. Espejos y buenas consejeras tenemos todas nosotras, lo complicado en la vida es que no hay una oruga a quien podemos recurrir cuando la necesitamos.

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Alices, Exposición de la artista brasileña Marilá Dardot, en el Centro Brasileiro Britânico, São Paulo,  2010.

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3 comentarios en “¿Quién lo ha soñado? O el consejo de la oruga.

  1. estoy en el grupo de facebook “Culpo a Disney por mis altas expectativas con los hombres”, ya lo ves que mi caso es grave…

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