Buscando Malta en Malta

Encontrar a Malta, sin conocerla previamente, puede serlo un poco complicado. Digo conocerla físicamente, personalmente, ya que sigo sus huellas desde hace 2 años. Es hermana de Creta, las dos descienden del clan de los Kanoo, familia de nómadas adivinas, buscadoras de aguas puras y curativas. Supe que quizás Creta estuviera en un archipiélago al sur de Sicilia, estaría, supuestamente, intentando descubrir nuevos sabores, nuevas referencias gastronómicas. Sé que Creta siempre tuvo el gusto como su sentido más desarrollado. Vengo escuchando historias sobre ella, historias en las que se prueba la veracidad de situaciones utilizando su lengua. Sí, puede parecer una estupidez, pero la gente deja sus vestigios en el aire, en los muebles, y como no, en las copas. Yo que también tengo mis intereses “degustativos” me meto en todos los restaurantes malteses, intentando encontrar a Creta y que ella me pueda desvelar el paradero de Malta.

Mahzen XII Mdna

No he tenido mucho éxito, la verdad. Malta es misteriosa, y supongo que Creta también lo es. Por eso tengo que estar completamente concentrado en las señales que pueda encontrar. Caminando por los callejones de Sliema, busco entre buzones y  turistas algún rastro de Creta. Leo algo, palabras vacías, ¿o será alguna referencia musical? No sé, lo que me seduce es que estas palabras me provocan un segundo de intuición, un trueno de consciencia. Sigo la intuición y después de cruzar, casi sin darme cuenta, Marsamxett Harbour en ferry, llego a la Valleta. La frase leída: Light my Fire!

La cosa se calienta. Y no digo por el tiempo. He sabido, por una dependienta, que hoy es un día muy importante en Malta, la conmemoración de la retirada de las tropas inglesas después de la 2ª guerra mundial, hecho que cesó la destrucción y el dolor en la estratégica isla. Entonces me pongo, inmediatamente, a reflexionar. ¿Que puedo encontrar, en esta isla, que se asemeje totalmente al Reino Unido? Ahora ya no camino por las calles, voy corriendo… el sudor me consume, y la idea de perder las huellas de Creta todavía más.  Sigo las señales con rigor. Bien, puedo encontrar algo en las cabinas telefónicas o en los buzones de correos. Bastante obvio, me temo. Casi todo está escrito en inglés, los rótulos de las tiendas, las direcciones, los nombres de las calles, las cartas en los restaurantes, las informaciones turísticas, las ofertas en los supers, todo! Sigo aturdido. Debo buscar en los balcones ingleses, tan típicos en ese lugar, a lo mejor me indican algún camino. Me siento, exhausto, en la acera bajo uno de esos balcones y veo pasar, entre la gente y los coches, un autobús. Bingo! La herencia más “noble” de los ingleses, aquello que fue realmente abandonado después del final de la ocupación!

Eso, eso era, festejar la salida de los ingleses, nada mejor que el símbolo de la isla. El símbolo de la poluición, el símbolo de la caída, de la derrota. Llego otra vez corriendo, cruzándome con una multitud de turistas alemanes, a la estación de autobuses. Voy revisando el interior de cada autobús, en busca de Creta. Verá, nunca he visto a Malta, y tampoco a Creta, por supuesto, pero siento que cuando las vea, mirándolas a los ojos, sabré quienes son, y que estoy buscando realmente. Tengo esa obsesión de hablar con Malta desde que leí aquel libro. Desde que empecé a no dormir por las noches, sin antes mirar al cielo y buscar a Malta en las estrellas. Veo al conductor que lleva una cruz de Malta colgada al cuello. Aunque estemos en la República con el mismo nombre, la gente no suele llevarlas colgadas. Son los locales muy discretos. Sabios y super religiosos, pero discretos. Y este tío lleva, no estoy de broma, una cruz del tamaño de un palmo. Estoy seguro que voy por buen camino, siento el olor de Creta en mi nariz. Veo en el suelo, a lo pies del conductor, una guía, con el mapa de la capital. Lo cojo discretamente, sin que nadie lo perciba. Salto del autobús y lo abro bajo el sol caliente. Hay apuntes escritos sobre el plano, algo marcado. Falta alguna página. Aunque marque la plaza central de la ciudad. En el margen se lee el nombre de un hotel apuntado en letras suaves, rápidas pero precisas, en color naranja. Estoy seguro que esa letra es de Creta.

Me pierdo muchas veces por las calles. Las indicaciones parecen hacerme perder entre mis propios deseos. El idioma, hablado en la isla, tampoco me ayuda mucho. Leo en inglés y en maltés y sigo confuso. Sigo confuso. Voy por un callejón y llego al mar… llego al mar por el este, por el noroeste y por el sur. Me encuentro agotado, pero sigo oliendo al perfume del agua cristalina. Creta estará a un paso. Vuelvo por caminos antes recorridos, giro a la izquierda, paso delante de la foto del monumento que hace un joven japonés y la estropeo, por supuesto. Giro otra vez a la izquierda, salto por encima de los niños que juegan en el suelo, casi me choco con una bici que viene con flores en el cesto y por fin encuentro la plaza Misrae il Palazz. Desde lejos identifico a la dueña del mapa. Me voy a su encuentro. (continúa…)

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